Si nos centramos en las herramientas básicas de la defensa personal, el movimiento ritmos y gestos de nuestro cuerpo en situaciones cotidianas nos proporciona una adaptación al medio en el que nos movemos, así un obrero en un andamio, en el hogar subido a una escalera, corriendo debajo de una lluvia intensa… por ejemplo, nuestro cuerpo se readapta constantemente a lo que acontece. La reacción cuando nos salpica el agua en los ojos o nos viene algun objeto hacia el rostro inesperadamente, es innata, y no en todos los individuos se produce de la misma manera, claro ejemplo de interacción con el medio ante una situación súbita e inesperada.
Si se reflexiona desde el aprendizaje de movimientos para la defensa, se puede inferir mediante el entrenamiento en estas reacciones, haciéndonos más conscientes a su desarrollo y potenciando la precisión en las respuestas de nuestro cuerpo.
En un entrenamiento de autoprotección se debe contemplar el desarrollo de estas cualidades y la ejecución de gestos más elaborados para la correcta adaptación a estas situaciones inesperadas tales como cualquier agresión comporta. Desde Sigafor se propone un aprendizaje intuitivo, desde el comienzo, sin obviar las situaciones de nuestro día a día, no solo se entrena en una clase sino que se incorpora a la vida.
D.A.






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